Impresionante, no por nada le dicen La Reina del Pop.
Aquí el video de la canción que hizo estallar River.
Un clásico
Frente a la página en blanco...
Hace unos meses atrás mencioné algo sobre el querer sucito y subí una canción que -hermosa- apestaba mal de amor.
Esta vez quiero un querer limpito y la canción acorde, al menos para como entiendo esa variante.
Ojo, no siempre quiere decir que estos funcionen, pero si que el amante quiere al amado de la mejor manera posible: sincera, generosa y dignamente. Entonces él dice: "si querés que cambie, cambiaré solo para bien, pero sabé que vos siempre te salís con la tuya, así que por favor no lo destruyas" y grita.
Ay de esos amores que traspasan las fronteras del uno.
Durante años esta canción me gustó por lo pegadizo de su melodía y la imposibilidad de conservar el estatismo cada vez que sonaba.
Hoy volví a escucharla y esta vez me detuve en el "tomalo con calma", a partir de allí redescubrí las palabras y la letra toda me pareció maravillosa.
La historia es simple: el tipo desposeído (solo la antena, la ilusión, las penas y el souvenirs) y sufriente de un mal de amor, decide que al perdido por perdido, mejor elegirse uno; entonces "take it easy, men" y por favor, no hablés.
Y chipi, chipi, chipi. Me gusta la idea de sobrellevar la desventura con buen ritmo, no concibo mejor manera.
Vistas así, no se cual de las tres ventanas prefiero.¿Quien no vio, en algún momento de todo este fin de semana largo, los Juegos Olímpicos?
Yo -que no soy demasiado afín a la televisión y mucho menos a los deportes- en mis ratos libres vi los saltos de garrocha, gymmasia artística y el partido de basquet Argentina- Rusia.
No es que me haya molestado que sean tan diestros, simplemente me fastidió saber que mientras ellos se ven livianos, felices y bien contorneados, yo escribiré sobre esto con una coquita al lado, saboreando -quizás- un gran alfajor y que después del pansazo haré zapping como para continuar con el sedentarismo de la jornada.
Definitivamente es alto el precio que debo pagar, no solo por la felicidad ajena, sino porque ahora que escribo ni siquiera puedo disfrutar del triple de dulce de leche, me dio culpa.
Búsqueda dice la carta y el Hada apunta al centro.