domingo, 12 de septiembre de 2010

Someone fixs the wall

Es vergonzosa la posición del Jefe de Gobierno Porteño ante la situación de las Escuelas Secundarias. Me gusta la tapa del Página 12 de hoy, cuyo título principal es "El Gestor Dormido" y la foto de Mauricio descansando en el recinto de la Legislatura.
Ese gestor dormido es el caudillo dirigente de tropas de "mayoría silenciada" -así las definió- que quieren volver a las aulas sin pronunciar palabra. Tal como él, que no piensa recibir a los estudiantes ni tampoco pretende resolver el conflicto, solo espera que se cumplan los 180 días de clases, sea en diciembre, sea en febrero.
Ese gestor dormido que acusa a la ciudadania no responsable por no colaborar con este Estado hacedor. Hacedor de veredas, baldosas, enrejado del espacio público, escuchas ilegales; impulsor de la Policía Metropolitana, de la recolección puntual de basura, del sistema de contralor entre vecinos; promotor de ¿la escuela pública?, internet, inglés y demás bienes ¿imprescindibles? para la educación.
No voy a hablar de cifras porque no las comprendo, simplemente quiero dejar sentado aquí - por si a alguien le interesa- que mientras el gobierno de la ciudad construye en su discurso a jóvenes irresponsables y autoritarios que no solo quieren salvarse de una obligación, sino que además le están quitando el derecho a miles de niños - hijos de esa mayoría silenciada, ¿silenciada por quien?- de estudiar y poder usar las computadoras con internet que les pusieron en las salas en las que se caen los techos y pronunciar, con perfecta acentuación "yes teacher". Ayer se realizó una asamblea con la asistencia de estudiantes de 50 establecimientos escolares diferentes que cuentan con el apoyo de muchos de sus docentes y están pidiendo condiciones básicas de infraestructura para estudiar ellos y los hijos de esa mayoría silenciada - ¿silenciada por quien?- a la vez que nos devolvieron el ejemplo de la lucha organizada, enérgica, y -gracias al cielo- irreverente, que no cede, al menos por ahora, a la comodidad del botoneo y el estate quieto que les quieren imponer.