jueves, 19 de junio de 2008

Para la lluvia

Del otro lado del vidrio llueve.
Torrencial y desenfadada cae el agua.
Como nunca me gusta la lluvia, trato de evadirla.
Pienso que no saqué la basura, que mejor trabajar un poco más antes de dormir, que mañana es viernes, que la comida estaba fría, que mi Sopina me recomendó unos libros, que en los días mojados debería declararse asueto, que quizás la china de la lavandería esta haciendo los tramites de ciudadanía y por eso cierra tarde de por medio, que mi Mamá me dio un buen consejo, que quisiera ir al cine el fin de semana, que ya es hora de que me corte el pelo, que no es París con aguacero, que la vieja está en la cueva, que me gusta la canción que iba de fondo...
Stop.
Desordenado todo, eso -más o menos- lo que pensaba mientras escuchaba algo que dura solo un minuto.
Divertida con el descubrimiento, propongo el siguiente juego:
-papel y lápiz en mano
-marcan play en la pantalla
- escriben todo -o casi- lo que se les cruce en la cabeza mientras dure la música
- (opcional) dan a conocer los resultados en los comentarios de este post.
En sus marcas, listos, ya...


5 comentarios:

Eva dijo...

ni papel ni lapiz, lo unico que pienso cuando escucho a carla bruni es como me gusta!!!, que sin lugar a dudas prefiero las voces femeninas, ah! pineso tambien que loco casarse con el presidente de tu pais, siendo artista.

Ver el mundo es esquivarlo dijo...

No pude, la vi a ella y me quedé bobo (más bobo).

Alice in Borderland... dijo...

hoy la rapidez del pensamiento neurotico me abandono.. por unos segundos.. con esta cancion.. solo puedo pensar en cuanto odio los tic- tac... y que me encanta la bruni como dice eva.

victoria dijo...

Veo que la Bruni les nubló el pensamiento, super!!!
Viene bien dejarse llevar por la melodía, a mi me pasa a lo Birabent y la lluvia no me inspira.
Besos

ioqui dijo...

Inevitablemente me acordé de la persona que me hizo probar Carla Bruni y sus encantos. Junto a este recuerdo se asoció otro, más lindo, más triste ahora, el de la persona a la cuál yo le hice degustar semejante dulzura y todos los momentos que compartimos con su voz de fondo, casi perdíendola, casi encontrándola. La música provoca ese efecto en mi, a veces detestable, otras veces hermoso, el de traer a mi memoria los pedacitos de mi vida.