lunes, 12 de julio de 2010

María Pachado

Me encantan las celebraciones. Organizar fiestas, que se llene de gente, que se baile, se cante, se converse, la gente se encuentre, se mire, se divierta, se produzcan flechazos, rechazos, y hasta golpazos, si es que estamos felices. Sin embargo, los instantes previos a la hora de la convocatoria, me generan un vioner que ni les cuento.
Para no intranquilizarme, me digo a mi misma que estoy sufriendo el síndrome María Pachado, una niña de mi infancia que todos los años, vestida de gala, se paraba en la puerta de su casa a esperar que lleguen los invitados. Como a mí nunca me invitó pasaba de largo, pero sospecho que la gente llegaba en algún momento, sino no se explica la recurrencia de la escena.
Calma, calma, ya han de comenzar a caer. La historia de María Pachado me tranquiliza.
Riiiiiiiiiiing
¿Quién es?
Bajo

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